La tarde tocaba a su fin y la gente empezaba a marcharse después de una tarde de paseo otoñal. Los jóvenes iban en cuadrillas armando jarana y los mayores, con sus pasos pausados y calmados, bajaban las escaleras hacia la salida. Pocos eran los que aún seguían sentados en los bancos de piedra que rodeaban el paseo.

Isabel y Juanma, charlaban sentados en uno de esos bancos recordando tantos años pasados juntos. La glorieta, testigo mudo del paso del tiempo a lo largo de varias generaciones, había sido el lugar elegido por ellos para evocar esas épocas pasadas. Hablaban con cierto miedo, como si no se conocieran. La conversación se estancaba en largos silencios. Ella estaba nerviosa al mirarlo a la cara y desviaba la vista constantemente…