Cuando llegué, estaba dentro de la caja. Habían desmontado la cama niquelada, la que él había comprado para casarse. Al lado, mi abuela, mi madre y mis tíos. Los besé a todos y me quedé mirándolo otra vez. Cerré los ojos y en esos momentos me vinieron a la mente muchos recuerdos de él. Lo veía en el piso de abajo con sus libros, sus aparatos, sus inventos, sus cuadros. No paraba nunca. Siempre tenía algo para entretenerse. Todavía no me había hecho a la idea. Al cabo de un momento oí una voz: “¿Me puedes oír?”

Me quedé paralizado. Abrí los ojos, nadie me miraba. Había sido la imaginación tal vez. Tantos recuerdos. Me dolía un poco la cabeza. Entonces volví a oír la voz: “Ya veo que me puedes oír. Ven, te llevaré en un paseo en el que verás mi vida. Será, un paseo por el pasado”…