La recuerdo sentada en aquel banco. Fue en primavera cuando la conocí, el blanco brillante, como su cara, dulce y sonriente. Sus piernas, fuertes y bien torneadas, una sobre otra. Excitaba solo mirarla.
Vino el verano y pasábamos las tardes, charlando, contándonos nuestras vidas y deseándonos. En otoño nos daba tristeza. Veíamos caer las hojas y la nostalgia le hacía derramar alguna lágrima. Y en invierno quedábamos solo alguna mañana dominguera a comer churros con chocolate. Los inviernos eran largos y a veces nos hacían olvidar las otras estaciones.
Así es la vida. Y ahora, al pasar por allí, no puedo más que recordar aquellas lágrimas que ahora son las mías.