A mí me gustaba bajar a la bodega vieja donde estaban las barricas de madera, donde el vino dormía. Yo no hacía ruido para no despertarlo, pero a veces, el abuelo bajaba y lo despertaba.
– ¿Por qué despiertas al vino, abuelo?
– Las impurezas se van depositando en la parte baja, entonces lo trasvasamos y limpiamos las barricas. De esa forma, poco a poco, se va limpiando el vino. ¿Lo entiendes?
Yo le decía que sí, pero no entendía eso de las impurezas.
Cuando me quedaba solo, miraba las paredes de piedra. El abuelo decía que esa bodega la construyó el abuelo de su abuelo, pero él no lo conoció.
La bodega tenía magia porque se estaba fresquito en verano, en cambio, en invierno se estaba calentito. Para que no se calentara mucho, había unos agujeros en el techo que el abuelo abría para que se ventilara la bodega. Para mí, todo era un misterio en aquella bodega