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Una noche, Pere Navarro se encuentra en un puente medieval, un antepasado suyo con el mismo nombre que dice estar encerrado en el tiempo. “Todo el mundo ha de conocer la historia”, son sus últimas palabras. A través de su investigación, el Pere de ahora conocerá la historia del puente, pero el Pere medieval encierra un secreto que no se descubrirá hasta el final.

«Me paré un momento en mitad del puente y entonces me dí cuenta de mi cansancio. Aproveché el momento y me senté en una de las esquinas que formaban las bases del mismo. Cerré los ojos un segundo. Había pasado más de una hora desde que salí de casa. Sí, esta vez me estaba alargando. Cuando los abrí ,vi a un hombre que me estaba mirando. Me dio tal susto que tiré la cabeza hacia atrás y me la golpeé contra el pretil…»

 

 

 Los tres protagonistas de una historia cuentan los mismos hechos desde su vivencia particular.

En este relato, el autor juega con el punto de vista y con la forma de expresarse de cada personaje.

 

«Mi padre siempre me decía que había que consumir papel. Para envolver la comida, para guardar la ropa, para las tiendas… y para escribir.
A mí me gustaba escribir. Aprendí en la escuela con Doña Prímula. El papel lo regalaba Don Alejandro de su fábrica. Todos los meses venía mi padre con un paquete de papel de parte de Don Alejandro…»

 

 

 Lorenzo llora la muerte de su padre mientras que su hermano Lucas, más apegado a su madre, apenas la siente. Sus caminos siempre han ido separados y ahora, aunque parecen acercarse, en realidad se abre un abismo inmenso entre ellos. Su madre Lucrecia, siempre les ha contado las mismas leyendas de su país a los dos, pero cada uno las ha recibido de manera diferente. La Librería es una historia de amor y odio: el amor de madre , el odio entre hermanos

 «El cielo blanquecino de aquel sábado de febrero parecía silenciar el parco movimiento de vehículos que a tempranas horas empezaba a despertar la ciudad. Los transeúntes pasaban rápidos, acurrucados, como queriendo ocultar el poco calor que les quedaba en el cuerpo. Los quioscos levantaban las persianas y recogían los periódicos que les había dejado el camión repartidor y en una esquina, una castañera disponía el hornillo para ofrecer calor a veinticinco pesetas la docena…»

 

 A sus ochenta años, MªAngeles Belda vive tranquilamente en su pueblo natal, Ayelo de Malferit. Un día, decide, en compañía de su amiga Elena Ferrer, escribir la historia del pueblo en sus últimos cien años, destacando las personas que hicieron posible que el pueblo fuera lo que es hoy. La figura entrañable de su amigo Bautista Aparici está por encima del resto

«Doña MªAngeles Belda entró en la casa, cerró la puerta y con paso lento y cansado, avanzó hacia la salita. Se sentó en su cómodo sillón cerrando los ojos, dio un suspiro y la cabeza empezó a darle vueltas.
Sus sobrinos la habían invitado a comer por su ochenta cumpleaños. La llamaron por la mañana, comerían en Valencia. Hacía unos años que su hermana había muerto y desde entonces la invitaban todos los años, pero esos años empezaban a pesar demasiado y algún día tendría que decirles que no podía ir…»

 

 

 A principios del siglo XIX, la marquesa de Alfama muere tras un parto. Su marido decide construir un balneario en su memoria en las fuentes de Alfama. Esta historia de ficción está dedicada a todos los balnearios que nacieron en los siglos XIX y XX que por causas incomprensibles fueron destruidos y sumidos en el olvido.

 

«Los gritos de dolor de la mujer delataban un parto lleno de miedo y al mismo tiempo de esperanza. “Que sea un niño por favor”, se repetía Josefa sin parar. Las mujeres la miraban con compasión y atendían su evolución cuchicheando en voz baja para que no las pudiera oír.
El fuego de la chimenea era la única iluminación de una habitación que sólo había servido para tener hijas. Tal vez ahora, después de este parto, su utilidad sería mayor…»

 

  El viejo doctor Valor toma una decisión importante en su vida: dejar el hospital que lo acogió durante cuarenta años. Aunque siempre había pensado en disfrutar de la vida tras su jubilación, algo ocurre que lo hace reflexionar y volver la mirada atrás, hacia el pueblo que lo vio nacer, a buscar entre sus recuerdos aquel verano que cambió su vida.

La prima Aurora es la historia entre un adolescente y una mujer que, en tiempos prohibidos, ven cómo se cruzan sus vidas y ello los cambia para siempre.


 «Dudé mucho antes de tomar la decisión. Se me hacía muy difícil dejarlo todo después de cuarenta años trabajando en aquel hospital de L’île de la Cité, con la catedral de Notre Dame al fondo y el Sena al frente, respirando el olor que expedían aquellos antiguos muros, confundiéndome con ellos, viendo cómo, sin poder hacer nada, me iba dejando la vida en aquel edificio que había sido parte de mí, tan lejos de la ciudad que me vio nacer…»

 

  Roger Neumann agoniza en una habitación de hospital atendido por su mujer Dagmar hasta que aparece su hijo Klaus. Roger le cuenta un secreto a su hijo: en el desván de casa hay una caja de madera que contiene recuerdos sobre una mujer: Maria. Si la encuentras alguna vez dile que la quise hasta la muerte.

Tras la muerte de Roger, Dagmar y Klaus se van a Formentera donde vivirán una experiencia inolvidable

 

«Klaus Neumann se dirigió hacia las escaleras del hospital maldiciendo a la recepcionista que le había anunciado que el ascensor estaba averiado. Se dispuso a subir las escaleras cargado con su maleta y su pierna inválida, amiga inseparable. Tenía que mover todo el cuerpo para impulsarlo a cada peldaño y eso le suponía un considerable esfuerzo…»

 

  

François Decaux es el maestro relojero de la región de les Cevennes en Francia, último refugio de los hugonotes perseguidos por Luis XIV a principio de 1700 tras la revocación del edicto de Nantes. Esta es la historia de una de tantas familias que se vio obligada a huir de Francia.

 

«Las primeras luces del día iluminaron la villa cuyas peñas aledañas no dejaban el paso de los rayos del sol hasta pasada media hora, treinta y cinco minutos según el reloj del maestro Decaux. Eso ocurría en esa época del año en la que las hojas de los árboles amarillean y el rocío de la mañana cubre las hojas que han sucumbido al peso de los días, levantando ese olor del fresco otoñal…»

 

 Pepet vive con su familia como medieros del señor Gisbert y sueña con viajar un día a tierras de América. Esta es la historia de don José Pastor Rodríguez, vizconde de Morera, que partió de Alcoy con quince años y dividió su vida entre Europa y América, entre Morera y Curanipe, siendo uno más de tantos emigrantes españoles que tuvieron que salir de un país agonizante para poder ganarse la vida.

 «La niña miraba a su madre a través del cristal esperando a que ésta se levantara de la cama. A su lado, una enfermera posaba su mano sobre su hombro intentando consolarla.

– ¿Hoy tampoco se levanta mi madre?
A la enfermera se le rompía el corazón al oír a la pequeña.
Su madre tenía tuberculosis y estaba aislada en una sala por temor al contagio. Su tos, cada vez más frecuente, le golpeaba la cabeza y los esputos que sacaba eran cada vez más oscuros, como si los intestinos se le fueran por la boca…»

 

  Marian es una periodista que trabaja en Madrid en una emisora de radio a nivel nacional. Su madre dirige una emisora local en su pueblo natal. Las cosas no le van bien y pide la ayuda de su hija. En el pueblo, le pregunta a su madre por qué su abuelo dejó Madrid y se vino al pueblo a vivir. ¿Qué pasó para que tomara esa decisión? Entre los papeles de su abuelo encuentra un viejo morse, a raíz del cual inicia sus investigaciones hasta que encuentra la respuesta a esa pregunta y muchas más.

» El despertador sonaba insistentemente rompiendo el sueño que por fin había conseguido conciliar. Alargué el brazo sin fuerzas y logré así apagar el desagradable sonido de aquel miserable aparato que ejercía su trabajo de manera ejemplar e insensible al mismo tiempo.
El cansancio recorría todo mi cuerpo impidiéndome moverme lo más mínimo. Acostada con la cara debajo de la almohada, intentaba, con esa postura, esconderme de la obligación que me haría levantarme de inmediato. Ponía el despertador diez minutos antes de las cinco para regodearme en la cama medio despierta, pensando si levantarme o no. Eran los mejores diez minutos del día, o tal vez los peores porque bien me hubiera vuelto a dormir otra vez…»

 

 

A principios de los años cincuenta, varias mujeres de distintas partes de España, deciden volver al balneario donde tuvieron sus amores de juventud, entre ellas, Carmen López, la protagonista del relato. Alrededor de ella y de Miquel Fuster, se va mostrando toda una serie de tramas en las que se muestran los mundos de la alta sociedad y de los trabajadores, cuyos misterios, se desvelan en los encuentros que se suceden al final.

 «Aquella mañana, Carmen se asomó a la ventana y miró al Parterre, como siempre, pero esta vez se quedó pensando, como si viera algo que nadie más pudiera ver, tal vez su pasado. La luz del sol entraba con fuerza en los primeros días de mayo, las flores coloreaban el recinto y las hojas de los árboles, salían con fuerza a saludar otra primavera que se presentaba alegre en una ciudad que la acogía con los brazos abiertos…»