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Noche mágica

Salí del colegio contenta porque esa noche iba a ser muy
especial. Cuando mi padre no estaba, me iba sola, pero mi casa no estaba lejos.
Llamé a mi vecina Lola, una mujer joven y muy guapa. Ella tenía llave de casa,
pero yo prefería quedarme hasta que llegara papá. A veces, él también le hacía
compañía, eran muy amigos. 

Como papá no sabía hacer la comida, yo le ayudaba y Lola
también nos preparaba cosas. Después de comer me acosté un rato y por la tarde
me puse el disfraz de bruja, con un vestido negro, un sombrero alto y me
maquillé con una verruga y todo. Tesa y las demás llegaron después y nos reímos
muchos porque estábamos muy graciosas. Jugamos un rato en casa y, cuando se
escondió el sol, salimos a la plaza donde había un montón de niños. 

Nos dieron una pequeña vela y, como en procesión, recorrimos
varias calles del barrio, entrando en algunas casas donde nos daban chucherías
que guardábamos en una bolsa. Era todo muy bonito. 

A la hora de cenar, nos fuimos todos a casa. Yo estaba muy
cansada. Como había merendado no tenía ganas de cenar. Le di un beso a papá y
me fui a la cama. Al momento oí que se iba a casa de Lola.

Intenté dormir pero no podía. Decían que todos los muertos
vivían esa noche y era verdad. Cerraba los ojos hasta que el sueño se apoderó
de mí. Entonces noté que alguien me daba un beso en la frente. No quería abrirlos
porque sabía que era mamá, sus labios eran muy dulces y suaves. Por eso, para
mí era una noche mágica. 

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BENDITA INFANCIA

Aquella mañana, cuando se despertó, se miró al espejo y vio que el niño había desaparecido: era todo un hombre. Y se entristeció. Intentó recordar  qué hacía allí pero le fue imposible. Salió y se sentó frente a la ventana. Fuera, unos niños jugaban en la calle. Un hombre mayor se sentó en un banco y uno de los niños se le acercó, le dio un beso y volvió con sus amigos. Aquella escena lo hizo sonreír. No sabía si él tenía nietos, hijos, si estaba casado, nada, no recordaba nada. Pero le gustaba mirar cómo jugaban los niños, porque recordaba su infancia, cuando iba con sus amigos, cuando hacía pellas, cuando iban al rio, cuando volvía a casa cansado y su madre le tenía preparada la merienda, sin preguntar dónde había estado…

ENTRE DOS LUCES

El sol caía aplomado en una tarde andaluza, en plena sierra malagueña. Dentro del cortijo, la niña Isabel corría sin parar, sin dejar descansar al padre, haciendo reír a la madre.
– Niña, déjame tranquilo.
– Deja a la niña hombre, ¿no ves que nació entre dos luces?
– ¿Y eso que tiene que ver chiquilla?
 – Pues que mientras haya luz, la niña no ha de parar – respondía la madre sonriente, viendo cómo andaba de acá para allá

LAS NOTAS

El silencio de la tarde se veía sorprendido por las notas que, temerosas, iban sonando en el teclado electrónico. La niña las mandaba a pasear como cansadas antes de aparecer desvaneciéndose al instante, volviendo al redil del teclado para ser lanzadas de nuevo una y otra vez…

CLARA

Como todos los meses desde que ella se fue, Cándido acudió al cementerio para charlar con ella…

CANCIÓN DE CUNA

Teresa, sentada en el balancín, cantaba una canción de cuna…

EL RELOJ DE ARENA

La tienda de Marina se había convertido en un referente en el barrio, la que antes era de Manuel.
Una noche, se quedaron un poco más tarde de lo normal arreglando trastos y entre ellos, encontraron una pequeña caja de no más de veinte centímetros de larga en forma de pequeño baúl…

TAROMA

Sentada en el regazo de su abuela, la pequeña Laura escuchaba las historias que ésta le contaba cada noche, a veces con los ojos cerrados, a veces abiertos,  a veces mirando las estrellas e imaginando que la protagonista era siempre ella. A esas horas, la luz de la luna era la única que iluminaba sus rostros. En el de la pequeña destacaban unos ojos enormes con la mirada curiosa; en el de la abuela, eran los surcos de la vejez los que destacaban en él…