Aquella mañana, cuando se despertó, se miró al espejo y vio que el niño había desaparecido: era todo un hombre. Y se entristeció. Intentó recordar qué hacía allí pero le fue imposible. Salió y se sentó frente a la ventana. Fuera, unos niños jugaban en la calle. Un hombre mayor se sentó en un banco y uno de los niños se le acercó, le dio un beso y volvió con sus amigos. Aquella escena lo hizo sonreír. No sabía si él tenía nietos, hijos, si estaba casado, nada, no recordaba nada. Pero le gustaba mirar cómo jugaban los niños, porque recordaba su infancia, cuando iba con sus amigos, cuando hacía pellas, cuando iban al rio, cuando volvía a casa cansado y su madre le tenía preparada la merienda, sin preguntar dónde había estado.
Una mujer se le acercó y le dio un beso en la frente. No sabía quién era, pero la mujer le sonrió. ¿Cómo estás hoy? Le preguntó. Bien, le respondió Manuel sin dejar de mirar por la ventana.
La mujer se le quedó mirando con una enorme tristeza, cerró los ojos y no pudo evitar que le cayera una lágrima. Manuel hacía todos los días lo mismo, como si nunca lo hubiera hecho antes y, como siempre, se quedaba absorto mirando a los niños.
La mujer le llevó el desayuno y comió con desgana, no quería dejar de mirar a los niños, pero al cabo de un momento se marcharon todos.
– ¿Dónde se van?
– Se van a casa, con sus mamás.
– ¿Y mi mamá? ¿Dónde está mi mamá?
– Luego vendrá.
Y Manuel se quedaba intranquilo esperando a que llegara su madre, mirando por la ventana, ahora sin los niños.
Al momento apareció una niña y le dio un beso. ¿Quién era?
– ¿Tú estabas jugando antes? – le preguntó Manuel
– No, abuelo, antes estaba en casa. Hoy he traído fotos antiguas. ¿Las quieres ver?
La niña se sentó a su lado y Rosario se puso detrás de ellos. Manuel esperaba a que la niña sacara las fotos y cuando las tuvo en la mano le dio la primera a su abuelo. Era él de pequeño, al lado de su madre y su hermano mayor. Los dos esperaban su reacción.
– Ese soy yo y mi mamá. – dijo – ¿Dónde está mi hermano? ¿Y mi madre? Yo soy ese, ¿por qué ahora no soy ese?
La niña miraba a su abuela sin comprender lo que decía su abuelo. Esperaba una señal de la abuela y cuando ésta asintió, sacó una fotografía que se hicieron todos, el mes pasado. Estaba toda la familia: los abuelos, los hijos, las nueras y los nietos. Él estaba delante y aparecía en el centro de la foto, al lado de su mujer. Manuel la miró y la tiró al suelo.
– Esa no me gusta. Dame otra de mi mamá.
Rosario lo tuvo claro, era incapaz de recordar el pasado reciente. La niña le fue sacando fotografías antiguas y Manuel las iba comentando, recordando detalles increíbles que habían permanecido dormidos en su memoria y ahora afloraban con fuerza.
Y haciendo un gran esfuerzo, Rosario se unió a sus comentarios, riendo de las travesuras que comentaba. Conforme las fotografías se iban acercando al presente, le costaba identificar a las personas y los momentos. Manuel se había quedado estancado en el pasado, su memoria había borrado el presente y Rosario, sabiendo que había que convivir con ello, le dio un beso y se hizo a la idea de que lo iba a acompañar en su viaje al pasado. Ahora era como un niño y así lo tendría que tratar si quería convivir con él.